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Viernes, 08 Septiembre 2017 00:00

ANTOLÓGICA DE CARLOS RESTREPO EN EL MUSEO DEL ATLÁNTICO

 

SÁBADO, 9 DE SEPTIEMBRE, 10:00 A.M.

Museo del Atlántico

ANTOLÓGICA

Una exposición del artista Carlos Restrepo

 

Muestra que hace parte del proyecto Díptico Cultural del Atlántico, de la Secretaría Departamental de Cultura y Patrimonio a cargo de la Corporación Luis Eduardo Nieto Arteta.

 

Compuesta de obras realizadas desde 1974 a 2017 esta muestra antológica de Carlos Restrepo Labarrera, comprende referentes técnicos visuales entre la tridimensionalidad y bidimensionalidad  en piezas que nos muestran viejas fachadas del Barrio Abajo de Barranquilla, hechas en láminas de aluminio en la técnica de planos relieves, que llevados al espacio se vuelven objetos como machetes, tubos dentífricos, botas militares, guantes, etc. También podremos encontrar intaglios de objetos como tijeras, destornilladores, cuchillos, y en general herramientas de trabajo, así como apropiaciones e intervenciones de objetos muy diversos en virtud de recontextualizaciones y nuevos puntos de vista.  Muchos de esos elementos, como los machetes y serruchos han terminado después utilizados en su trabajo posterior alusivo al Carnaval de Barranquilla, que se vuelve identificatorio en su performance del Siempre vivo, un elemento de la cual será entregado en el marco de la inauguración de esta muestra al Museo del Carnaval.

 

Su trabajo ha sido considerado desde los primeros años de la década de los setenta como una de las expresiones creativas más comprometidas con la modernidad, y así lo demuestra la bien valorada presencia de su trabajo en diversos e importantes eventos a nivel local, nacional e internacional, y las certeras opiniones de respetables críticos de arte que entienden y reconocen lo que en su trabajo hay de decididamente contemporáneo, lúdico y creativo por esa especial manera de aprehender y devolver en expresión artística lo que la realidad de cada día ofrece a un artista de su tiempo.

 

Su nombre empezó a ser objeto de consideración desde que en 1970 ganó el Primer Premio de lo que en ese  entonces se llamó el Salón Anual de Chatarra, en la Galería La Escuela, espacio de la Escuela de Bellas Artes de Barranquilla, donde realizó sus estudios y obtuvo su título de Maestro en Artes Plásticas. Sólo pocos años más tarde ya estaba exponiendo en la Galería Belarca, de Bogotá y participando en una reveladora muestra denominada Nombres nuevos de Barranquila, Cali y Medellín, que organizó Gloria Zea en el Museo de Arte Moderno de Bogotá.  Al año siguiente recibió mención de honor en el IV Salón de Arte Joven de Medellín, y un año después repitió honores en la quinta versión de ese mismo evento.

 

Por esos mismos años, a raíz  de sus dos exposiciones en la Galería Barrios de Barranquilla, una de ellas señalada con el título Los que son, y que incluía, al lado de Restrepo, nombres como los de Obregón, Norman Mejía, Noe León, Álvaro Barrios, Figurita, Vellojín, Ramiro Gómez, Sara Modiano, Efraín Arrieta, Jaime Silva y Fidalgo Díaz, se reseñaba su trabajo de la siguiente manera: "sus más recientes investigaciones lo sitúan como uno de los más serios exponentes del arte joven colombiano en los últimos años".

 

En 1976, a raíz de su participación en el II Salón Atenas, en el Museo de Arte Moderno, de Bogotá, al lado de John Castle, Elsa Zambrano, Gustavo Zalamea y Margarita Gutiérrez, el crítico de arte Eduardo Serrano escribía en el correspondiente catálogo algo que era una aproximación bastante ajustada a la naturaleza de la obra de Restrepo y a la estética en la que estaba inscrita:   "Carlos Restrepo ha trabajado ya durante algunos años el aluminio, primero en relieves con un punto de vista pictórico, frontal, y actualmente en representaciones abiertamente tridimensionales. Su obra produce objetos invariablemente producidos en masa, y por regla general en la escala exacta del modelo. El énfasis en la imagen publicitaria de los productos aludidos revela relaciones de su trabajo con el arte "pop". Pero su obra no alude a los colores fuertes propios de la publicidad y sobresalientes en ese movimiento. Por el contrario, su misterio y atracción parten del tono frío y metálico del material (e inclusive de la serigrafía que en ocasiones les imprime), el cual los separa de la realidad, bañándolos con brillo y con ambigüedad. Más recientemente sus objetos se han visto enriquecidos por consideraciones formales nuevas en su obra, por ejemplo, de equilibrio, las cuales complementan la importancia del material, del concepto creativo, del elemento humor, bases manifiestas de su criterio estético".

 

La valoración que poco a poco iba ganando su obra a raíz  de su desempeño público en los Salones Regionales de Arte; en la Muestra de 14 Artistas Costeños, en la sala Gregorio Vásquez de la Biblioteca Nacional, y sus muestras individuales, fueron antecedentes y argumentos tenidos en cuenta por la crítica Martha Traba para incluirlo en 1977 en la exposición Nº 25 del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas que se llamó Los Novísimos Colombianos, en compañía de Antonio Caro Lopera, Edgar Silva, Álvaro Barrios, Oscar Muñoz, Rodríguez Villamizar, Edgar Negret, Dario Morales, Maria de la Paz Jaramillo, Saturnino Ramírez y Ever Astudillo, entre otros.

 

Pero para hablar de Carlos Restrepo es necesario recordar también aquel inquietante experimento surgido en esta ciudad, que se llamó El Sindicato, y que represento en un momento un núcleo de avanzada en el estudio y la expresión del arte como idea, o arte conceptual, que representó, al mismo tiempo, para Barranquilla una saludable agitación en la forma de concebir y expresar el arte, y para el país la primera tentativa de creación colectiva en el campo de la expresión plástica. A ese grupo, que nació en algún momento del año 1976, perteneció Restrepo, al lado de Ramiro Gómez, Efraín Arrieta, Alberto del Castillo, Luis Stand y Aníbal Tobón, y juntos obtuvieron el Primer Premio en el XXVII Salón Nacional de Artes Visuales de 1979, con una de las obras más polémicas del arte contemporáneo en Colombia como fue la famosa “Alacena con zapatos". Luego vinieron sus participaciones en la muestra De la figuración al arte conceptual en Barranquilla, del Banco de la República, en el marco del Primer Festival de Arte de Vanguardia, en 1979, en los Salones Nacionales de Artistas de 1990 y 1992; y su inclusión en varios volúmenes antológicos sobre arte colombiano, como la Enciclopedia de Arte en Colombia, de Salvat; Arte en Colombia de Gil Tovar; y Panorama Artístico Colombiano.

 

La obra de Carlos Restrepo comporta un juego semiológico como unidad y como conjunto. La elección misma de sus temas y de los objetos cotidianos que en su indefensión como objetos puros y simples, en su papel de simples cosas en el repertorio utilitario de los bienes de consumo y en el inventario de muebles y herramientas de los hombres de hoy, no parecen sospechar los roles que el artista les pone a desempeñar como intermediarios de una nueva comunicación, de una redefinición de sus papeles, que crea una tensión inteligente entre la misión original de esos objetos y su nueva función de obra de arte.

 

Se cumple, pues, en esa población de símbolos que es la obra de Carlos Restrepo, ese interesante fenómeno de resignificación que opera "el contexto" en un determinado proceso de comunicación, tanto más si se trata de la comunicación artística, en la que los misterios de toda creación transmutan en poesía los elementos de la realidad, y que el lingüista Román Jacobson definía alguna vez así: "una pala de carbón puesta en la puerta de una mina no es más que una simple pala de carbón. Pero esa misma pala de carbón puesta en la puerta de una galería, es mucho más que una simple pala de carbón: es una obra de arte".

 

Restrepo sigue fiel a su representación de unas ideas que reposan la carga de sus diversos sentidos en la reinvención de objetos y realidades, a partir de objetos y realidades anteriores, reutilizando o reciclando los más disímiles elementos, y destinándolos a un nuevo concepto. Machetes, botas, libros, tubos dentífricos, lápices, guantes, un juego de fútbol de mesa, un claxon, son elementos básicos para una imaginería, que en el caso del aluminio, es ganada a pulso a la fría lámina, en lo que constituye la que solo tiene valor cuando se quiere mirar las otras caras de la realidad desde la perspectiva lúdica del arte.

 

Por eso sus libros de aluminio son objetos reproducidos que ofrecen otro tipo de lectura; el filo de otra realidad, marca la contorsión de sus machetes; un guante industrial que irrumpe violento de un plano de aluminio es una acusación sin reticencias; la trompeta de un claxon coronada por una pequeña réplica del águila del Tercer Reich es una alarma que no deja dudas; "tronco de pintura" es la sombra sonriente de una broma ecológica; y sus pinturas en acrílicos en pequeños y medianos formatos de lápices y borradores aparentemente inofensivos (que marcan, a propósito un dramático giro fácil en su rudo trabajo de taller de domador de materiales diversos), son naturalezas muertas que algo crítico dicen, o de los estudiantes o de los profesores o de la educación.

 

En todo caso, el conjunto de la obra de Restrepo, visto así, en contexto, plantea al espectador un ejercicio de apreciación en el que lo reflexivo marca una fuerte primacía sobre el deleite de la contemplación, y eso es, desde luego, una importante diferencia entre la obra de Restrepo y muchas otras formas de arte que nos rodean.