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Como quien dice adiós a lo perdido

Como quien dice adiós a lo perdido

De Ramón Cote Baraibar

 

LA BORROSA EXACTITUD DE LAS PALABRAS

 

Si buceamos en nuestros recuerdos de manera proustiana en busca de un perfume remoto que nos devuelva el sabor de lo perdido, o ascendemos a sus escarpadas cumbres como sugiere Ramón Cote Baraibar en este libro por medio de una expedición alpina en la que muchas veces nos sentimos amedrentados por sus peligrosos riscos, es algo que resulta difícil de esclarecer. Lo cierto es que el rescate de la memoria es una conquista del espíritu que tarda tiempo en alcanzarse, una reconstrucción de lo vivido en la que el poeta se enfrenta a sus fantasmas más íntimos para tratar de redimirlos con la borrosa exactitud de las palabras.

De esta tarea ardua, dulcemente dolorosa y muchas veces suicida que intenta convertir la materia fugitiva de los días en el oro perdurable del poema y de las ceremonias y rituales que el poeta lleva a cabo para elaborar su complicada alquimia, da cuenta este nuevo libro de Ramón Cote Baraibar, que quiere decir adiós a lo perdido sacando del pozo profundo de la memoria esas “monedas de plata del recuerdo que más tarde serán la imagen imborrable de su propia vida”.

El velo de la lluvia, el humo del tabaco o el rectángulo de una ventana oscura son para Cote Baraibar cortinas propicias para atisbar el mundo, pues el cuerpo se afantasma y solo quedan los brillantes ojos de búho, asomados al continuo discurrir del tiempo y sus transformaciones. La poesía es ritmo, música, movimiento y el poeta el concentrado melómano que atiende a su coreografía. En “Autorretrato de la lluvia” y “Poema de despedida” el tamborileo de la lluvia en los cristales le permite “hacer un balance de lo que se escapa y de lo que se queda”,  la separación  de un amor junto a las rejas rigurosas de un parque, los rostros que lo esperan, la cara que quizás tendrá el próximo año; “Desencuentro” le recuerda que “el destino  es el más tirano de los dioses y el amor el más avaro a la hora de repartir sus poderes”.  “Palmera Bismarkia” le permite dialogar por medio de la visita de una sombra amada sobre la ausencia y revivir serenamente el dolor de las luctuosas despedidas. “Pessoana” se identifica con la pluralidad de nombres surgidos del poeta portugués y siente que es al mismo tiempo el que se va y los que vienen de regreso, los otros y él mismo, “el vigía inmóvil que desde lo oscuro de su ventana, mira un sábado cualquiera las luces de la avenida circular, como aerolitos veloces alrededor de los anillos de Saturno”.

Con una prosa limpia y despojada y un tono confesional que alcanza su intensidad más en la agudeza de la mirada y la reflexión que en la metáfora, Cote Baraibar elabora en este libro su propio “Panteón pagano”, con vivencias de Madrid y Bogotá, reminiscencias de sus viajes por la India, hermosas estampas de la naturaleza que vamos lamentablemente arruinando o contemplando simplemente en una tarde de verano la lenta caída del sol sobre “los altos edificios de cemento gris”, que va dotando a la anodina ciudad de un esplendor sagrado” para que más tarde, en la distancia, “la memoria y su tinta solitaria” se encargue de desenterrar bajo los días “aquellas ruinas doradas”.

 

Subyace en los versos de Cote Baraibar el deseo de crear una nueva DIMENSIÓN de lo sagrado, propia de la poesía moderna, como señala Octavio Paz, una sacralidad  frágil y evanescente que solo le es dado percibir en privilegiados momentos, como las ramas de ese árbol gigantesco que portan las garzas observadas en el trópico sobre sus alas; como el poema escrito en el aire por un viajero agradecido antes de abandonar las recoletas ciudades de la índia, O ESAS nubes ERRANTES OBSERVADAS en la NOCHE que como la poesía MISMA “son sonámbulos segundos robados con suma delicadeza a cuanto vive”.

 

Todo viaje “es una suma de asombros y renuncias que van dejando su ceniza en los dedos y un polvo dorado en la memoria”, y el poema, que se nutre de recuerdos, una ceremonia solitaria que exige largo tiempo “para lograr cierta exactitud”, nos dice Ramón Cote Baraibar en este libro que es una verdadera expedición por la memoria, un amorosa  e intensa travesía que va del corazón a lo perdido, en un valioso esfuerzo por salvar con el poder de la palabra la extensa y blanca distancia de nieve de los años.

 

Samuel Serrano Serrano

 

Samuel Serrano Serrano , Nació en Aracataca (Magdalena, Colombia) en 1963. Es doctor en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Madrid. Ha escrito poemas,  cuentos   y ensayos. Ha publicado los poemarios El hacha de piedra ( Editorial La Mirada Malva 2008), Canto rodado (premio nacional de poesía “Ciudad de Bogotá,”, 1996)  y el libro de relatos El misterio de Macongo (Huerga y Fierro  2012). Algunos de sus poemas y relatos han sido traducidos al francés e  inglés. Poemas suyos han aparecido, entre otras antologías, en El corazón de la palabra (Salamanca, 2004), Cómo conocernos mejor: Brasil-Colombia, y La nueva poesía colombiana, preparada por Rogelio Echavarría, como también en las revistas Prometeo de Medellín, Casa Silva de Colombia,  Atlántica de Cádiz, El Invisible Anillo  y El Alambique, de España. Cuentos suyos han sido publicados entre otras revistas en El magazine de El Espectador, revista Cuatro cuentos de Argentina, revista Crítica de México,  Aurora Boreal y En sentido figurado.  Desde 1996 reside en Madrid (España) donde ha ejercido la crítica literaria en prestigiosas revistas como Quimera, suplemento Babelia de El país,   Revista Virtual del Instituto Cervantes, Revista La estafeta del viento de Casa de américa  y Cuadernos Hispanoamericanos donde ha publicado reseñas, ensayos y entrevistas con algunas de las principales voces de la literatura española e hispanoamericana contemporánea como Gonzalo Rojas, Álvaro Mutis, Fernando Charry Lara, Juan Goytisolo, Augusto Monterroso, Alfredo Bryce Echenique, Abel Posse,  Germán Espinosa  y Adolfo Castañón. Actualmente trabaja como profesor de lengua y literatura en un instituto de Madrid.